lunes, 2 de mayo de 2011

Espina


Cuando desperté, ya era un día varado, aunque se develó despacio, sin pretensiones, y curiosamente, hasta sin tráfico. Te habías metido por la noche en mi cabeza como un lúcido pensamiento y golpeaste todos mis intentos por dormir. 
Escribí tu nombre en el aire, consciente, lo aspiré; estarías en mi respiración, como una puerta que se abre y cierra sin voluntad, hasta en la calma, encontrar tu ritmo y prioridad. Avanzadas las horas, me dieron ganas de dejarte atrás, pero estoy aquí, sentada.
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