Hablar es una válvula de miedos que se baña en saliva para escarbar y escarbar entre los miles de pretextos de tantos momentos porosos; gajos que desean alumbrar, pero si hasta dentro de la propia ley se marca territorios como una manera de cegarse: neguemos los abrazos, que un medio estéril y desinfectado, es el frío, y los imaginarios pueden ser autodestructivos

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