Esta es la historia de un hueco que vive en una cabeza amueblada de ideas, y pese a ellas, naufraga por que en la pantalla de un móvil, los sueños prestados, se acabaron al reclamar atención. Deja de ser alguien para ser otro, es morir sin morirse, como un asunto de nomenclatura que cambia de hemisferio buscando su razón, el pulso de cada grieta, la plasticidad de los diálogos. ¿Era demasiado adjudicarle nobleza? Quizás sólo fue un error de clasificación, la suposición de tener lo ajeno por tanto tiempo… a lo más, recuerdos.
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