Los traumas de una crisálida sicótica

Aprender a borrar es como aprender a besar: se requiere de práctica, aunque parezca no tener sentido y sea un simple ejercicio preparatorio, casi un despilfarro. Porque reflejar(se) en el silencio es quedarse un rato a solas para refinar y corregir. Una crítica de la búsqueda de los contornos perfectos y la sangre que espesa un cuerpo vacío; apagar el ruido; estar dispuesta a una sustitución mental para hacer el pensamiento claro; conversar con el escrutinio; reacomodar; intimar; el ritual de la oruga.

Esa crisálida sicótica que no desea salir del cascaron por el miedo al naufragio, al pisar palabras en medio de la porosidad barata y predecible del nudo, por querer salir ilesa del hueco, esa prehistoria mental del desaseo y la torpeza de la negación aunque se tenga la cabeza amueblada de ideas. Porque la libertad de dejar atrás lleva a una renovada guerra sin postura intermedia, sin saber que duele más, si borrar o ser borrada, al ser una errata.
6 comentarios

Entradas populares