Vagabundear por tu espalda no merece un racimo de pretextos. Te perderas el brillo en el aire y la complicidad de la curiosidad, pero hasta ahora entiendo que tropecé con un arbusto movible y aunque te quise dar las gracias de algún modo, cual fábula, desapareciste sin plagarte a mis gustos, no sin antes rasguñar.
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