domingo, 29 de agosto de 2010

Golpes bajos (primera parte)


Me bautizaron con el nombre de Aurora como presagio a una vida llena de dicha, pero no fue así. Como una trampa. Mi sentido común se aletargo aun cuando su tarea era sencilla: aterrorizarme frente a los delincuentes y hacerme huir. Esa madrugada, empuñando una navaja y con un poco de valentía entró a mi casa. Su amigo lo había convencido de trago en trago, y de noche en noche, que la sociedad merecía castigo, y los bienes una nueva repartición. Y el juego sucio de la ironía nos colocó de frente en la anécdota más estúpida que he tenido en mi vida.

- Te estaba esperando, ¿por qué tardaste tanto? –Le pregunté por mera formalidad.

Acostumbrada a caminar contra corriente. Rodeada de compañía y al mismo tiempo de soledades, había bebido, mucho, demasiado tal vez. Vagos rasgos de felicidad había en mi camino y me pregunté ¿Por qué?

- ¡No pongas resistencias o te mato!

- Estoy cansada. Esperando que la casualidad me diga que esperar y llegaste.

- ¡Esa pinché vieja esta drogada! ¡Déjala! –Le alertó su amigo.

Se acercó, lentamente. Tantos lugares comunes para conocer gente, y hoy estaba frente a mí sin ningún sentido. Aunque las circunstancias eran similares a los días anteriores que vigiló mi casa.

- Sabes, pensé que era una idea innovadora y radical dejar de buscar. Quedarme aquí. Quieta. Esperando el sonar del teléfono. Ves. Lo tengo cerca.

- ¡Estoy armado! Nada de trucos, ¡oíste pendeja!

- Pero no importa la cercanía. No sonora. Y tampoco me harás daño. Para agredirme de frente necesitaría coraje, pero tú eres de los que hieren por la espalda, ¿verdad?

- ¡¿Dónde esta el dinero?!

- En todas partes, en mi bolso, en mi mente. Soy creativa. Hay quien paga por mis ideas, ¿quieres alguna? Un proverbio chino dice que es malo robar. ¡Auch! ¿Lo dije demasiado tarde?

- ¡Pendeja!

- ¡No le pegues cabrón! ¿Mira cómo esta?

- ¡Vaya! ¡Qué considerado! ¡¿Te importo?! Mi marido en 10 años hubo cosas que nunca le importaron. Como ese cuadro que tienes en las manos, o las copas de nuestro aniversario, o las flores, o el dolor de esta sonrisa de revista.

- ¡Mírame bien cabrona! No estoy jugando, ¿dónde esta el dinero?

- ¡Ves! Tú no eres como él. Luchas. No desapareces por la puerta. Sobrevives al coraje y entre gritos me enfrentas. ¿Qué sientes al amenazarme con esa navaja? ¿Valiente?

- ¿Quieres te la clavo pendeja?

- ¡Déjala! Sin muertos… te lo advertí.

- Lo encontré sentado. En este mismo lugar. A medida que avancé hacia él, pasó del desconcierto a la indignación con sólo mirarme. Apenas abrir la puerta, saltó colérico, envuelto en furia y con cinismo lo enfrente. Tengo experiencia. Fui criada entre la confrontación…

- ¡Mírame bien hija de la chingada! A mi me importa madres tus pinches pedos, ¿dónde esta el dinero?

- Todos esos días estuvo seguro. ¿Quieres que tenga la saña de narrarlo?, le pregunté, ¿quieres detalles?, ¿qué te excita más la maldad o la lujuria? ¡Y estúpidamente me reí! ¡¡Me lastimas!!

- Y lo haré más sino dejas de decir estupideces. ¿Cuál es la combinación de la caja fuerte? ¿La clave de las tarjetas?


- Mil veces le pedí perdón, pero sólo abrió su boca para hacerme preguntas, para crujir sus dientes ante mis respuestas. Me excita tanto hacerlo enojar. ¿Y tú, que sientes al amenazarme?
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