¡Imbécil!


Tantos rumores gotean sobre mi oído por coincidir en medio de verdades sospechosas y mentiras prácticas, que enmohezco. 
La caducidad de tu nombre y el luto por no poderlo pronunciar en voz alta, me reducen a un pie de página, y aunque el amor a veces hiere, no se disuelve. El escepticismos de los otros y mi hemiplejía moral me grita: ¡imbécil!, pero al menos fui valiente y de frente te dije cuanto te amo mientras tú, te quedaste callado.
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