Joaquín (2a parte)

Joa pa´los cuates siempre fue mal hablado y tuvo mala letra desde que empezó a escribir; por más caligrafía, fue inevitable. Su mal comportamiento lo hizo abandonar la escuela al tercer reporte en el quinto grado de primaria, y desde entonces, tiene una obsesión por las mujeres obesas; representan en su mente a su madre, una mujer que nunca admitió las erratas y por eso lo echó de casa cuando apenas era un niño.
Como un niño de la calle, creció dentro de un imaginario colectivo de todos sus vecinos: la miseria, el hambre y el frio, pero poco a poco se abrió camino trabajando primero como cargador en la central y después de lava coches. Cuando tenía 16 ya le entraba a la mecánica y soñaba con algún día ser músico, por lo que aprendió con un valedor a tocar la lira y con un poco de suerte, un año después grabó un disco con su grupo “ME VALE MADRES”, pronto el Hit de Mámamela todita cobro éxito en todos los antros Gay; ahí conoció a un jermano teporocho y se hicieron pareja. Ya como pareja pronto tuvieron muchos problemas: el sexo era malo, por lo que se busco una mujer; con la que aprendió a meter mano y se hizo de los dos bandos.
Como le excitaba el exhibicionismo, gustaba de andar desnudo en los baños públicos; así, disfrazado de conserje solía tener momentos de lujuria dos veces a la semana, y por las noches con su jermano. Pero un año después terminaron.
Perdido por el sexo rodó por lugares inimaginables, pero él sólo buscaba que lo amaran; un día encontró una página web, donde le prometían una sesión de masaje con servicio integrado de una "escritora-scort" llamada Fernanda, pensó ponerle fin a su mala letra mientras aquella hermosa mujer le profanara algo de cariño, quizás podría borrar el olor de su verdadero amor; una coreana de piernas hermosas y ojos enigmáticos.
A la coreana alguna mañana le quiso ofrecer un abrazo, decirle que aunque estaba casado con Aurora, una mujer obsesionada con las apariencias y tener una hija Matilde de apenas 3 años, él sólo deseaba dos cosas: tener un perro y su cuerpo. Ese cuerpo...
Esa tarde seria diferente. Lo supo desde que se levanto cuando no sonó el despertador, cuando encontró dentro de su cartera ese papel casi amarillo donde escribió “te amo” y pensó dárselo, pero la sobredosis de antihistamínicos le cerraba los ojos y la congestión nasal no lo dejaba respirar.
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