domingo, 9 de noviembre de 2008

No soy el aire

Era un chico rudo bien gobernado quién nunca supo lidiar con el orgullo, fue rehén de su propio infierno: el de tener siempre puesta una mascara; pero murió a plazos en medio de conversaciones forzadas repletas de monosílabos, cuando sus ojos dejaron de brillar al mirarme, y por eso, me quede callada. 


Creí me sentiría inútil, que rompería a llorar y me faltaría el aire, pero tras su funeral, estoy agradecida por tener paz, mantengo la mirada en mi propia vida y no temo que se borren de mi piel sus caricias.
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